domingo, 23 de agosto de 2009

Resiliente, por Luis Alfredo Alcocer


Pues está claro que me equivoqué, aunque pienso que cualquiera hubiera cometido el mismo error.Yo era muy joven, aún no tenía treinta años, y ella era un bombón a punto de cumplir los veinte. No voy a detallar sus "virtudes" físicas, siempre he creído que, a veces, las palabras no son capaces de representar ciertas cosas. Diré, simplemente, que no había cristiano que no volviera la cabeza cuando ella pasaba.

Aparte, estaba su deje argentino; una forma de decir lenta, melodiosa, sugerente, capaz de enamorar al más retraído y, además, te miraba al hablar con sus ojos almendrados, de color verde y...

Al final acabaré describiéndola del todo, lo dejo aquí; sólo quería justificar mi equivocación, mi enamoramiento. ¿Y por qué hablo de error...?, sencillo. Yo sabía que el matrimonio es una aventura con un final dudoso, que las cosas de la pareja se deterioran con el tiempo, que no son lo mismo veinte días que veinte años. Que el "Me encanta como encoges tu naricita cuando te enfadas", se trasforma en "Deja de hacer ese gesto, que pareces un simio".¿Qué les voy a contar que no sepan? Lo que sucedió, en mi caso, es que mi mujer había llegado de la Argentina un mes antes de que yo la conociera. Hablaba mucho de su tierra natal, yo pensaba que era perfectamente lógico y que el tiempo daría paso a otras conversaciones, pero quia... Nada de eso, el tema fue aumentando día a día hasta convertirse en algo obsesivo, para ella y para mí:-Dicen en la tele que está a punto de desaparecer el lince ibérico –informaba yo, para hablar de algo.-¿Y qué? ¿Vos sabés que en la Argentina tenemos pumas?, eso sí que son felinos...Daba igual el asunto, siempre aparecía su inigualable tierra:-Mira, parece que este año no se pueden pescar anchoas –decía yo, esperando a ver por donde salía.-¿Anchoas...?, unos peces pequeñitos que casi no se ven. No seas boludo, ¿qué importancia tiene eso? Lo que no debe desaparecer son las ballenas de la Península Valdés. ¿Tenés ballenas en España, como nosotros allá? Ya lo he dicho, puede sonar a broma, pero así era todo; si veíamos un gorrión en la calle, ella me hablaba de los cóndores de Talampaya, "Allá donde la roca bermeja se torna en farallones" (repito esta cita, porque acabé aprendiéndola de memoria).El día que fuimos en Madrid a ver la Ermita del Santo, tuve que oír una conferencia sobre las Misiones Guaraníes de San Ignacio, de Santa Ana y de SantaMaría. Si nevaba, me describía los glaciares cercanos a los lagos Viedma o Argentino. Al ver el Manzanares, me dijo:-¡Sos un pelotudo, eso no es un río! El Alto Río Pinturas sí que es un río; y, para cataratas, las del Iguazú. Cuando intentaba, pocas veces, quedarme solo para ver al Madrid en la tele, aparecía por sorpresa y me relataba la historia y milagros del Boca, el River, el Estudiantes o el Rosario Central (por cierto, vaya nombre para un equipo de fútbol). Las "anécdotas" se me amontonan en la cabeza mientras les narro todo lo sucedido:-No canta mal Julio Iglesias, ¿verdad? -Inquirí una vez viéndole en la televisión.-¡Ay, mi Carlos! – Suspiró ella.-¿Qué Carlos?, ¿tuviste un novio que no me has contado?-Cada día sos más pánfilo -su mirada trató de traspasar mi cerebro-; ¿qué Carlos va a ser?Al día siguiente, un amigo me dijo que debía tratarse de Carlos Gardel.

No quiero aburrir, así tuve que pasar casi veinte años, ya lo dije. Todo acabó aquel día en que, por primera vez, le preparé un mate argentino.-Deja, que hoy el mate lo voy a hacer yo.-Pero, ¿vos sabé como se hace?-Claro, cariño, te he visto a ti durante muchos años. Lo probó:-Ah, pues no te ha salido mal. Algo amargo, como a mí me gusta..., y tiene un leve sabor a almendras. Tenés que preparármelo más veces.-No, mi amor, sólo hoy y nunca más.

Sin duda sabía a almendras amargas, era natural, se me fue la mano con elcianuro potásico.No hay más, Aquí se acaba todo. Certificaron una muerte natural y tuve el detalle de meter en su ataúd un video de "Evita", un tebeo de Mafalda y las obras completas de Ernesto Sábato (discos de Gardel no encontré). Meses después, un amigo –argentino también- me dijo que a saber sobreponerse a las dificultades, reconocer los errores y ponerles fin, se le llama resiliencia. O sea, soy un resiliente.., bajito, pero resiliente.


Luis Alfredo Alcocer, desde Madrid, España

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